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sábado, 18 de agosto de 2018

Jesús enseña por parábolas "El Hijo Pródigo"

Jesús enseña por parábolas "El Hijo Pródigo"


El Hijo Que Se Fue y regreso Arrepentido Lucas 15:11-32

La parábola del hijo pródigo nos muestra como es nuestra relación personal con Dios, nuestro Padre, precisamente ahora cuando estamos a punto de iniciar la gran cuaresma.

El hijo menor le pide al padre que le de su parte de la herencia. Lo que pide éste, de acuerdo a la tradición judía, es extraño. No hay nadie que reciba una parte de la herencia, especialmente la herencia en dinero, si no solamente después de la muerte del progenitor. Sin embargo el padre, que estaba en su derecho de negarse, decide entregarle al hijo lo que éste pide.
Este hijo menor se parece a muchos de nosotros en su manera de comportarse. El decide viajar para alejarse de su padre. Gasta todo lo que tenía y lo usa sin darse cuenta, sin precaución, usándolo en cosas sin sentido. Usa toda la herencia en cosas que no le traían el bien sino que lo hacían “divertir” tal cual lo entendemos hoy. Ésta fue su manera de ejercitar su “libertad”.

Fue así como perdió absolutamente todo y el hambre comenzó a hacerse sentir. Tanta era el hambre que la única solución que tuvo fue la de comer lo que los cerdos comían porque no había nadie quien le ayudara. Esta es precisamente la imagen del hombre que se encuentra lejos de Dios, por más que busque lo que busque, su vida se vuelve vacía y tiene hambre, pero al estar lejos de Dios no hay nada. Comienza a ver los resultados de su comportamiento anterior que lo llevó a ver su realidad. Entonces vio como era su vida anteriormente, y pensó: “mi padre tiene servidores, a quienes no le falta ni el pan, sin embargo yo no tengo nada, volveré a mi padre y reconoceré que me he equivocado, que he pecado contra el cielo y contra el, y reconoceré que por todo lo que hice ni siquiera merezco ser llamado hijo suyo, pero que me deje servirlo como uno más en su casa”. Es así como, con esa actitud, se dirige a su padre.
La actitud del hijo menor es importante: “vuelve en sí”, y se da cuenta donde se encuentra, se da cuenta que tiene que hacer algo práctico, algo visible, quiere cambiar. Sin embargo cuando vuelve, vuelve arrepentido, pensando que no merece siquiera ser llamado hijo de su padre, porque su comportamiento no lo deja verse como hijo, sino que solamente pide ser su servidor. Le dice a su padre: “deja que mi frente sude y que deba cansarme a diario mientras tu vives respetuosamente”. El hijo menor volvía desde lejos y así lo vio su padre. El padre es exactamente la imagen de Dios: lo esperaba, como si estuviera sentado frente a una ventana, día tras día. De la misma manera, Dios nos espera a cada uno de nosotros. Apenas lo ve su padre, tiene misericordia de él, tiene misericordia en el sentido que se alegra por el regreso, corre a verlo. Siempre pensamos que los adultos tienen que quedarse en sus lugares para que los más jóvenes vayan a saludarlos. Aquí no pasó eso: el padre corrió, abrazó a su hijo y lo besó. El hijo intentó repetir las palabras que venía practicando: “he pecado contra el cielo y contra ti y no soy digno de ser llamado tu hijo”, pero no pudo concluir sus palabras, no pudo decirle más, el padre inmediatamente llamó a sus siervos para que trajeran las mejores vestiduras.

Este padre es la imagen de Dios: El ama a sus hijos, a todos los hombres, y por eso se hace hombre y como hombre quiere que los pecadores vuelvan a Dios, no los dignos que ya están cerca suyo. El evangelio nos dice que arriba en los cielos hay alegría cada vez que un pecador vuelve a la presencia de Dios. Este padre no deja que su hijo, quien lleva su nombre, sea su servidor, lo quiere como a hijo. Y como todo padre, no quiere que se lastime el honor de su hijo, quiere que seamos respetados como sus hijos. El padre no quiso que su hijo, quien lleva su nombre, sea un servidor en su casa. ¡Cuan grande es el alma de este hombre! Pensando en nosotros mismos, ¿Cuántas veces que lastimamos el honor de Dios, en el sentido de que tenemos su gracia, llevamos su nombre, y con nuestros pecados lo que hacemos es lastimar esa gracia de Dios que nos ha sido concedida? Pero cuando nos damos cuenta buscamos nuevamente estar en el camino de Dios.

El padre manda a que lo vistan con las mejores vestiduras, ¿Qué simbolizan estas? Decimos siempre “vosotros que en Cristo os bautizasteis, de Cristo os revestisteis” como lo dice San Pablo. Estas son las mejores vestiduras: las de nuestro bautismo. Y el padre pide que traigan un anillo, este anillo simboliza la autoridad. El anillo simbolizaba precisamente lo que daba la autoridad, lo que permitía tomar decisiones. El anillo le permitía ir a donde fuera dentro de las posesiones de esa familia y ser jefe. Los siervos no se visten así. Lo hizo realmente libre, libre junto a su padre y viviendo su honor. El padre también pide que se haga un banquete en su honor. El banquete es el término que utilizan todos los santos padres de la iglesia para definir a la Divina Liturgia, en la que recibimos el cuerpo y la sangre de Cristo. Cristo es el cordero de Dios que lleva los pecados del mundo y el que fue sacrificado en la cruz por nosotros. Este banquete es la imagen de la Divina Liturgia en la que participamos de este cordero. Así el hijo menor vuelve a la iglesia, como lo podríamos decir hoy, y vuelve para vivir en ella. Este es el honor que da Dios para con cada uno de sus hijos, con aquellos que viven la vida del arrepentimiento.

Posteriormente el padre definirá la actitud de su hijo como que estaba muerto, pero el regreso a su padre es considerado el volver a la vida. La parábola del hijo menor es un ejemplo para nosotros de que debemos vivir en el arrepentimiento. El inicio de éste es el regreso a uno mismo lo que nos guiará a dejar el camino de vida que seguimos, la forma de pensar, nuestro comportamiento, que nos mantienen lejos de Dios. La decisión de regresar con celo y diligencia dará sus frutos. Si regresamos con actitud de arrepentimiento, Dios derramará su gracia sobre nosotros. Regresemos a nuestra casa común, la Iglesia. Vivamos en ella.

Luego escucharemos lo que nos dice el Evangelio “estaba muerto pero vivió, estaba perdido, mas ha sido encontrado”. La Iglesia espera a todos para ofrecerles un gran banquete, sabiendo que allí se derramará sobre nosotros el verdadero honor del ser humano. Amén.

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